Partido de tenis

12 julio, 2010 at 18:25 (Meian, Rant)

Esta entrada me la he sacado de la manga porque tenía ganas de rajar un rato sobre el partido de tenis España-Catalunya que se ha visto este fin de semana. Quien se sienta ofendido, maltratado o cualquier otra cosa (y no le haya gustado, que los hay muy viciosillos por aquí) que se dirija directamente a mí y no le toque la moral a ninguno de mis compañeros.

Sábado 10 de julio, Barcelona. Todo el Passeig de Gràcia y la Gran Via hasta Tetuán inundados de gente reivindicando, no lo olvidemos, que sus voces sean escuchadas. La manifestación en sí no era más que un acto de demostración de que la democracia entendida como tal aún existe en este país. A mí personalmente me importa más bien poco si Catalunya puede llegar a ser independiente o no, simplemente pido que se respeten mis decisiones. A mí la Constitución del 78 me fue impuesta, como seguramente también lo fue a la mayoría de gente que leerá esto, en cambio sí tuve la oportunidad de dar mi opinión sobre el Estatut (desde un punto de vista soberanista, más descafeinado que el café que toman mis abuelos). Fui a votar, sí, y como estaba de acuerdo con la mayoría de artículos de dicha ley voté a favor. Que yo sepa un referéndum es la máxima expresión de la susodicha democracia así que me parece de escándalo que un puñado de magistrados recorte lo que más les convenga.  Para empezar, el término nación en español, y al diccionario de la RAE me remito, tiene como tercera acepción “Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”. ¿Esta definición no se puede aplicar a lo que es ahora mismo Catalunya? Y no he hecho ninguna trampa, el diccionario más castizo y español no puede ser. Quizás al ser la tercera acepción no será igual de válida que las otras dos, pero entonces no lo entiendo. Y por tanto ¿no estamos en nuestro derecho de pedir un trato similar al País Vasco o Navarra? Dos tristes comunidades autónomas, por mucho que sean las más ricas, como son Madrid y Catalunya no pueden hacer frente a los pagos de un estado. Que encima esos pagos no se reflejen en la calidad de vida de sus ciudadanos ya empieza a tomar tinte de estafa. Que encima intenten rebajar el estatus de mi lengua madre, que intenta resurgir de sus cenizas, me parece ya una indecencia, como lingüista aficionada que soy. Y no sigo por aquí porque no quiero politizar más esto, sólo me estoy quejando de lo que considero una injusticia. Pero bueno prefiero que vosotros digáis o penséis lo que queráis.

Domingo 11 de julio, Johannesburgo. La selección española gana el mundial por primera vez en su historia. Reconozco el gran esfuerzo del equipo, que sudó la gota gorda para frenar las embestidas (nunca mejor dicho) del equipo holandés. Pero el partido no fue gran cosa a mi parecer, por culpa de la poca gracia de los tulipanes naranjas y por la poca anticipación de Del Bosque en no prever un encuentro duro. Como partido de fútbol me quedo con la semifinal ante Alemania. Eso sí, esta semana escucharemos una y otra vez cuán grande es la selección y, por extensión, España. A mí personalmente me da risa. Sí, la verdad es que sí, somos grandes. En territorio, en población y, en especial, en la cola del paro. En eso sí que no superamos a nadie. Somos los campeones de Europa, sin duda. Lo que me da rabia es que durante unos días (espero que sean unos días y no se conviertan en semanas) no oiremos nada más en los informativos. Que me parece muy bien, que es histórico, que es una alegría en tiempos de crisis. Pero ¿por una vez podríamos centrarnos en el cómo se consiguió la victoria más que en la victoria en sí? Vicente del Bosque hablaba de unidad en el vestuario y de que ojalá hubiera la misma unidad en España. La cuestión es que esa unidad se sustenta por un respeto que se tienen entre sí todos los jugadores que componen el equipo, sean de donde sean. Y respeto es lo que se pedía el sábado en Catalunya. Sé que la opinión de los políticos y de los medios de comunicación, tanto de un color como del otro, no representa a la mayoría de la población, pero sí influye en la manera de pensar, por desgracia, y además este es un deporte que no se estila mucho en nuestro país. Y yo sinceramente estoy harta de que me traten de hooligan extremista por defender mi tierra. La verdad es que normalmente pienso más en largarme de aquí que en dar la cara por ella, pero es que hay cosas que me tocan la moral, no puedo evitarlo.

PD: Lo triste es que con la victoria de unos, los demás se sientan igual de ganadores, después de que nos coloque toda la comunidad internacional en el equipo perdedor en la crisis… Como dijo un ministro del PP, ¡Manda huevos!

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1 comentario

  1. Crir said,

    Que pasa que ya no actualizais el blog o que?¿

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