Secretos

18 noviembre, 2010 at 12:54 (Ikuda, Relatos, Videojuegos)

Supongo que para los no-jugadores de World of Warcraft este breve relato no tendrá tanta gracia, ya que no estarán familiarizados con los hechizos y los ataques del WoW, el Monasterio Escarlata y los chalados de la Cruzada Escarlata.  Para alguien a quien un chalado escarlata no le haya gritado “¡Te arrancaré los secretos de la carne!” perderá su encanto. Pero aquí lo dejo.

Título: Secretos
Fandom: World of Warcraft
Palabras: 715
Personajes y jugadores: Elhane (Shadow Priest, Carlos) Denise (Maga frost, Jordi) Nailt (Cazadora Bestias, Miki) Eneyu (Cazadora Bestias, Rosa).
Nota: Lo que me planteé al escribirlo es que era improbable que 4 personas irrumpieran en un monasterio plagado de paladines y sacerdotes y los mataran a todos. Así que imaginé una vía más cercana a la infiltración para el asalto al Monasterio Escarlata. Además, algo que siempre intento al escribir sobre World of Warcraft es que parezca que los hechizos y ataques que lanzamos a diestro y siniestro parezcan más… “importantes”. ¿Cómo sería realmente una “Explosión mental” de Sacerdote en la vida real? ¿Cómo sería una Tormenta Divina de Paladín? Ese tipo de cosas.

Secretos

“Sus intenciones eran buenas, al principio. Y es cierto que lucharon ferozmente contra la plaga, pero eso fue antes de que se corrompieran. Hoy en día la gran mayoría de ellos se guía por un fanatismo ciego, o por la locura. Quizás por ambas cosas. Además, la paranoia está empezando a ser palpable, sobretodo en algunos de sus altos cargos. Viven recluidos en su monasterio, sin hacer nada. Creen que todo el mundo está contra ellos y cualquier visitante es tratado como un traidor.

Es cierto que tienen algunos frentes abiertos, siguen luchando en Rasganorte y en Stratholme, pero su lucha no es efectiva.

Sin embargo, poseen armas poderosas. Armas que, en las manos adecuadas, serían muy útiles. Necesito que recuperéis un artefacto para mí. Acercaos a a mesa, os enseñaré los planos del monasterio que hemos conseguido”.

Mirara donde mirara, sólo veía estandartes de la Cruzada. En las paredes, en las vigas, en las arcadas de los pasillos, todo era blanco y rojo escarlata.

Para Elhane, aquellos colores tenían un significado, era un recordatorio. Una señal de peligro. El blanco de la Luz y el rojo de la sangre que derramaban por ella, que normalmente era la sangre equivocada.

En el pasillo más cercano había tres guardias apostados, vigilando una puerta que, esperaba, diera a un pequeño almacén.

Llevaba media hora escondida en aquel rincón, lo que significaba que llevaba media hora escuchando tonterías sobre la pureza, la superioridad racial, los infieles y una visión muy distorsionada de la Luz.

Esta gente está chiflada, pensó mientras esperaba a la voz de alarma que le indicara que su plan estaba funcionando. Era un poco arriesgado, pero esa gente estaba lo suficientemente ciega como para que diera resultado.

Primero las cazadoras tendrían que entretenerles, y después, junto a Denise, tendría que conseguir la información que necesitaban para robar el artefacto. Si todo salía bien, pasarían inadvertidas y podrían salir de allí sin demasiada violencia.

– ¡Teniente!

Escuchó unos pasos rápidos acercarse por el pasillo y un joven soldado apareció, nervioso, en busca de su superior.

– Teniente, estamos sufriendo un ataque.

– ¿Un ataque?- respondió uno de los guardias- ¿De quién?

– Lobos, señor. Varios vigías han aparecido muertos en las afueras del edificio con heridas de colmillos. Estaban destrozados, como si una manada de lobos hubiera acabado con ellos.

Inteligente elección, cazadoras.

– ¿Seguro que son sólo animales? ¿No hay humanoides involucrados?

– No había heridas de armas, ni de hechizos, señor.

– ¿Son lobos infectados con la peste?

– Todavía no lo sabemos, señor.

– ¿Qué órdenes tenemos?

– El comandante Morgraine quiere organizar una batida de caza y rastrear las tierras colindantes.

– ¿Tenemos que acudir todos?

– Casi todos, señor. El comandante ha ordenado que al menos dos guardias permanezcan en cada puesto y que los demás vayamos con la batida.

– Muy bien, Mathew, ve con él. Jory y yo nos quedaremos aquí.

– Sí, señor.

– Manteneos alerta.

– Lo haremos, señor.

Los dos soldados se alejaron por e pasillo, que se quedó en silencio por unos segundos. Después, los dos guardias se pusieron a hablar sobre lo extraño que una manada de lobos atacara y matara a guardias armados.

Espero que estos guardias sepan algo.

Sacó la cabeza momentáneamente para vigilar el pasillo, a la espera de la señal de Denise. La joven maga no se hizo esperar: un rayo azul salió de detrás de una enorme estatua, impactando contra uno de los guardias, que se congeló al instante. Literalmente. Quedó petrificado, con la piel marcada por un tono pálido y azulado, atrapado por el hielo.

En ese momento, Elhane saltó al pasillo, delante del otro guardia, que la miró estupefacto.

– ¡Intrusos! ¿Cómo os atrevéis a profanar este lugar sagrado? ¿Qué estáis haciendo aquí? – el guardia se abalanzó sobre Elhane, desenvainando su espada- ¡Ven! Cuéntamelo, cuéntamelo todo. ¡Te arrancaré los secretos de la carne!

Los secretos no se encuentran en la carne, sino en la mente, pensó Elhane mientras pronunciaba palabras antiguas, oscuras, y notaba cómo las sombras brotaban hacia el exterior de su cuerpo.

Lanzó un hechizo que irrumpió en la mente del paladín, que dejó caer el arma al instante. Cayó de rodillas al suelo, con las manos en la cabeza, retorciéndose de dolor.

Elhane sonrió con satisfacción.

– Y ahora que estás donde yo quiero, paladín, ven aquí. Cuéntame tus secretos.

FIN

 

Y de propina, foticos.

El monasterio escarlata desde fuera (Lo sé mi gráfica es una mierda).

Éstos son los que te dicen que te arrancarán los secretos de la carne. Los “Torturadores Escarlata”.

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1 comentario

  1. Angie said,

    genial amigo

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