Drabble de HP

24 noviembre, 2010 at 22:32 (Harry Potter, Ikuda, Relatos)

En el livejournal de dryadeh hay un post muy interesante que anima a la gente a pedir y a escribir drabbles sobre la última película de Harry Potter. Las normas de la entrada las podéis leer AQUÍ.

Me ha dado el venazo y he participado en la entrada respondiendo a una petición de lyeth: Yo quiero a George molestando a Harry y a Ginny, molestándolos en serio, pidiéndoles el beso, o cortándoles momentos de intimidad, o haciéndole preguntas vergonzosas a ambos… más que las miradas tan divertidas que les daba con el cepillo de dientes en la oreja. Y que podéis encontrar AQUÍ.

He escrito un Harry/Ginny con una leve presencia de los gemelos. Hacía mucho tiempo que no escribía fanfic ni me relacionaba con nada del fandom en general, pero mira, hoy me ha dado por ahí.

Lo pongo detrás del cut por si alguien lo quiere leer.

Título: ¿Título? No tiene de eso :P
Fandom: Harry Potter
Pairing: Harry/Ginny
Palabras: 727
Notas: Hacía mucho que no escribía fanfic, tened compasión. (Gracias a Adarae por beta-readear).

Hay ciertos temas para los que los chicos son… Vamos a buscar un adjetivo poco ofensivo… lentos. No importa la edad que tengan. Aunque no quieran admitirlo, pasan por todas las fases por las que pasaría un niño de siete años para asimilar algunas cosas.

Cuando Ginny Weasley empezó a salir con un chico por primera vez, tuvo que soportar que sus dos hermanos mayores se comportaran como enanos.

Primero, la “etapa de negación posesiva”, con afirmaciones tan maduras como:

“Eres muy pequeña”.

“¡Pero si es muy feo! ¡Y tonto! Te mereces algo mejor”.

“Como te toque y nos enteremos ese chico va a desayunar bombones desmayo cada mañana, y créenos, sólo le daremos la primera mitad del bombón”.

Esa etapa acabó rápido. ¿Cómo lo hizo, comportándose como una adulta para que sus hermanos mayores se dieran cuenta de una maldita vez de que ya no era una niña? No. A los gemelos había que hablarles en su propio idioma, y ellos sólo captaban un tipo de mensaje: las bromas pesadas.

Cuando sus hermanos se pasaron quince minutos vomitando mocos de trol que provenían de un caramelo que ella les había dado y ellos habían aceptado inocentemente, dejaron de tratarla como a una cría, y empezaron a hablarle, más o menos, como a una igual.

Fue entonces cuando entraron en su “etapa tabú”.

Cualquier tipo de conversación que implicara la idea, aunque fuera remota, de Ginny saliendo con un chico, o besando a un chico, o bailando con un chico, era completamente ignorada por sus hermanos. Esa, sin duda, fue la etapa más divertida de todas. Sus hermanos tenían por costumbre espiarla, y ella lo sabía, así que los ahuyentaba con suma facilidad. Sólo tenía que hablar de chicos en cualquier situación en la que sus hermanos estuvieran a menos de tres metros de ella para que salieran corriendo (a veces literalmente).

Desgraciadamente, la “etapa tabú” pasó rápido, dejando paso a la “época anti-hombres”.

“Ten cuidado, hermanita, los chicos son todos unos salidos”.

“No les dejes que te hagan nada hasta que no estés segura de que les gustas de verdad. Todos los chicos van a lo que van”.

“Créenos, lo sabemos bien, nosotros somos chicos y sabemos cómo piensan todos los chicos”.

“Entonces… ¿Vosotros también pensáis así?”

“Er… Bueno… Nosotros no pero…”

“Ya”.

Y entonces llegó Harry. Que les hizo retroceder dos años más (de los siete que parecía que tenían) y volver a tener cinco años. Cualquier palabra. Cualquier caricia. Cualquier conversación que ellos presenciaran desde la llegada de Harry desencadenab en ESA risa. Ya sabéis, la risa tonta que ponen los niños pequeños cuando alguien dice “culo” en voz alta. Esa misma.

Y ya se estaba empezando a cansar. Era una Weasley. Había crecido soportando a Fred y a George, incluso había logrado que Ron la dejara en paz. Algunos pensarían que su paciencia era infinita, pero no era así. Tenía límites. Y se estaban acercando a ellos peligrosamente.

Dos días atrás se estaban besando en su habitación cuando Fred pasó por delante de la puerta gritando “¡Dale caña!”.

Esa misma mañana, mientras desayunaban, George se había comido una tostada dándole besitos. A la tostada. ¡A una maldita tostada!

Tenía que ponerle fin a aquello. Sabía cómo, pero no tenía muchas ganas de tener que recurrir a ello. Sin embargo, George se lo puso en bandeja esa misma tarde.

Ginny abrazó a Harry en el comedor, pensando que estaban solos. Pero no lo estaban. Y el comentario de George mientras pasaba por el pasillo se convirtió en la gota que colmó el vaso.

– Cuidado, hermanita, no sea que se le dispare la varita que lleva en el bolsillo.

No pudo resistirlo. Tuvo que hacerlo.

– ¿Cual, ésta? – dijo Ginny mientras bajaba la mano a la entrepierna de Harry – Tranquilo, George, sólo se dispara cuando yo quiero que lo haga.

No sabía cual de las dos caras de estupefacción le resultaba más graciosa, si la de Harry o la de su hermano.

– Lo siento – murmuró mirando a Harry, mientras George abandonaba el comedor a toda prisa – era necesario.

Harry la miró fijamente sin decir nada, con la misma cara que pones cuando llegas a tu destino después de utilizar un traslador que no sabes dónde te llevará, esperando algun tipo de explicación.

– Ya no volverán a molestarnos más.

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