La caja de música (1ªparte)

1 diciembre, 2010 at 7:05 (Blog, Derein, Enlaces, Literatura, Música, Relatos, Rol, Youtube)

Este es la primera parte de dos de un relato fantástico con toques oscuros y tétricos. Es en realidad parte de una partida de rol que estoy dirigiendo en un foro. Aconsejo leer el relato con la música de fondo en cada sección cuando aparece el enlace.

Espero que lo disfruteis tanto como yo he disfrutado escribiendolo, dentro d eunas semanas colgaré la segunda parte que finalizará este relato corto.

LA CAJA DE MÚSICA

En algún lugar de Luvërah

Mysterious city – music

Era una ciudad preciosa, o lo fue alguna vez, ahora era un lugar sombrío, las calles estaban prácticamente desiertas a excepción de unas pocas personas con aspecto enfermizo que andaban por las calles como si hubieran perdido su voluntad. El cielo estaba nublado nunciando mal augúrio, las calles estaban sucias, una vez fue un ciudad próspera, pero la desgracia se cernía sobre su totalidad como un águila justo antes de caer en picado a cazar a la liebre.

Al final d ela calle había un hombre, era extranjero y había viajado durante varios días seguidos. Vestía una capa negra raída por el tiempo y sucia por el barro, la capa ocultaba su vestimenta a excepción de sus botas de cuero igualmente deterioradas por el tiempo y llenas de barro, llevaba un sombrero negro de ala ancha para resguardarse del mal temporal con plumas negras en el lado derecho, tenía un corte en el ala en la parte frontal, de manera que si ocultaba su rostro debajo del sombrero era capaz de ver lo que tenía delante. Empezó a andar tranquilamente por la calle principal de la ciudad, había llovido recientemente y parte de la carretera estaba llena de charcos de agua sucia, el olor hediondo del alcantarillado subía a través de las rendijas impregnando la ciudad que en su vieja gloria ya no era más que otro sitio que pronto caería en el olvido.

Cruzó delante de una posada, El Botín Dorado, anteriormente la mejor posada del lugar, ahora no era más que un atolladero de ratas y criminales, el viajero se paró delante de la puerta pero por alguna razón no entró, sino que prosiguió su camino, pasó al lado de una mujer que estaba tirada en el suelo, su aspecto era horrible, estaba desnutrida y apenas le quedaban fuerzas para contener el aliento, sin embargo, el caminante continuó sin mostrar interés alguno. Todo estaba en absoluto silencio, y en ese sonido se podía escuchar los pasos pesados del extranjero que resonaban por toda la calle, continuó caminando hasta llegar a una taberna, aquél local era quizás uno de los más infames de toda la región, todo tipo de criminales y mercenarios se reunían siempre en ese lugar, aunque ahora ya no era tan frecuentado aún había parroquianos que seguían bebiendo y emborrachándose en aquél lugar, de hecho podían escucharse algunas voces desde el exterior. La puerta no estaba completamente cerrada y una luz amarillenta se filtraba al exterior.

The shadow of the music box – music

Así pues, el viajero entró en la taberna llamada “La madriguera”, un nombre muy apropiado para un lugar de ese calibre. El interior era bastante espacioso, y un poco descuidado, había varias mesas situadas prácticamente al azar, se hizo el silencio cuando el primer pie del extranjero pisó la madera podrida del suelo de la taberna. Continuó sin aparentemente prestar atención a los demás parroquianos que había en el lugar y se paró justo delante d ela barra donde estaba el tabernero, un hombre de mediana edad y de cuerpo abundante, su camisa estaba sucia y sostenía una jarra de barro en bastante mal estado, tenía un ojo bizco.

¿Que va a tomar?
Hidromiel. -contestó con su voz rasgada y profunda.

El tabernero pasó un trapo por encima de la jarra que tenía en la mano y la llenó de hidromiel con una botella que había sacado en la despensa justo detrás de la barra.

El extranjero se quitó el sombrero descubriendo su rostro, no era viejo, pero ciertamente no era joven, una cicatriz cruzaba su ojo derecho que bajaba desde la frente hasta la comisura de la boca, aún conservaba el ojo pero era completamente inútil y una capa blanquecina cubría su pupila, su otro ojo era de un intenso color azul, extraordinariamente un círculo dorado destacaba en medio del azul del iris, un rasgo muy poco común por no decir inédito. Su pelo era largo y negro como la noche y caía en mechones gruesos y sucios.

Bebió el contenido de la jarra de un solo trago como si de agua se tratase y luego dejó la jarra encima de la barra, con su mano izquierda se limpió una pequeña gota de brebaje que caía por la barbilla.

Roland de Carbass. -al pronunciar ese nombre el tabernero ahogó un gritó en su garganta y temblando se apartó de aquél hombre desconocido, estaba temblando de terror.- ¿Donde puedo encontrarle?
P-porque… que q-quiere con el C-conde…-su voz temblaba de terror en estado puro.
He sido contratado por el rey en persona para liberar esta región de la oscuridad que se ha cernido sobre ella. -dijo sin pestañear siquiera. El tabernero cambió su expresión atemorizada por una más seria.
No es el primero que llega, y he de decirle que todos han perecido en el intento. -su voz aún era insegura por eso.
Le agradezco la preocupación pero soy un especialista en mi trabajo-contestó.
¿Cual ha dicho que es su trabajo? -preguntó el tabernero apoyándose en la barra interesado.
Soy un… exterminador por así decirlo. -dijo mientras se acercaba un poco al otro individuo.- Soy el mejor en realidad.
Aún así… -empezó pero fue interrumpido por una tercera voz.
El conde Roland de Carbass. -dijó un anciano al final de la barra, su rostro estaba cubierta de innumerables arrugas pero su avanzada edad, era ciego y apenas había pelo en su cabeza a excepción de unas espesas cejas y una barba mal cuidada.- La agonía y desesperación inundaron su corazón y maldijo estas tierras… -así el anciano empezó a contar una historia que el viajero escuchó con atención.

Dark past story – music

“…Hace ya varios años esta ciudad era la más bella y próspera de todo el reino de Luvërah y el conde gobernaba con justicia y bondad junto con su esposa Carla de Carbass y su pequeña hija Lucila. Vivían en una gran mansión en lo más alto de la ciudad, un edificio precioso con una arquitectura realmente artística.

Un día su hija Lucila de siete años de edad encontró una pequeña caja negra en el sótano de la mansión, quien sabe cuanto tiempo habría estado allí olvidada, un siglo quizá más. La niña quien había sido siempre una chiquilla muy vivaz y curiosa se llevó consigo la misteriosa caja a su habitación, una vez allí la abrió, en su interior había la figura de una bailarina, era una vieja caja de música, poco después de abrir la caja la pequeña Lucila no volvió jamás a ser ella. La encontraron en su habitación sentada, era ella pero a su vez ya no lo era, porque no había nadie dentro de aquél cuerpo, su alma había desaparecido. En su regazo aún sostenía la pequeña caja negra que había encontrado en el sótano de su casa.

La pequeña recibió la mejor atención médica de los médicos y curanderos más hábiles del reino, pero no hubo ninguno que pudiera remediar su estado. El conde empezó a obsesionarse con conseguir una cura para el extraño estado de su hija que parecía un muñeco sin vida. Empezó a estudiar todos los libros de medicina que existían pero tod fue en vano, el conde que era hábil en las artes mágicas probó tambien con la magia y estudió pero no hubo nada que pudo ayudarle. Se encerró, durante los anteriores meses era rara la vez que salía de la mansión, pero a partir de ese momento ya apenas salía de su despacho, se encerraba allí practicamente todo el dia leyendo viejos manuscritos. Empezó a practicar las artes prohibidas, una magia muy antigua y poderosa pero con un poder muy oscuro, poco a poco empezó a corromperle su corazón y su mente. Encerrado en su habitación rodeado de libros y algunas otras cosas mucho más horrorosas.

El pueblo preocupado por el conde intentó ayudarle, así mismo lo hicieron varios médicos y amigos de la familia, pero él no escuchó, ni siquiera les recibió en su casa, la ciudad y la región poco a poco fue decayendo en la desgracia y la pobreza sin nadie que la liderara como era debido, era su mujer Carla quien gobernaba ahora pero angustiada también, su mente no podía pensar con claridad. No tardó en caer enferma por la depresión y un día lluvioso y gris se colgó en la habitación de su pequeña hija donde había estado mirando al vacío desde aquél día.

El servicio para aquél entonces había abandonado la casa, la gente decía que estaba maldita y tenían razones para creerlo. No fue hasta una semana después que el conde Roland de Carbass alertado por el olor pútrido del cadáver que su esposa desprendía que salió del despacho y lo descubrió. Aquella imagen dantesca, sacada de las peores pesadillas que un hombre, un padre y esposo podría tener jamás. Allí estaba el cuerpo de su mujer inerte colgando por una soga del techo, lo único que ya no parecía su mujer, su piel deteriorada y seca tenía un color amarillento y ligeramente azulado por la asfixia que sufrió en su muerte y los gusanos ya empezaban a comerle la carne pútrida como carroñeros, estaba desnuda. Justo en frente estaba su hija, sentada en la cama mirando hacia su madre, solo que no la miraba en realidad, su mirada estaba perdida, y en su regazo aún la sostenía, como si nadie se hubiera percatado de ella ahí estaba la caja de música que permanecía cerrada.

El conde se percató de la caja de música, no le pareció haberla visto jamás pero entonces recordó que también la sostenía en su regazo cuando la encontraron dos años atrás. El aspecto de Lucila no había cambiado apenas, estaba más delgada y pálida pero los cambios no eran sustanciales. Roland cogió la caja de música y la abrió, una melodia empezó a sonar.

Lucila\’s Music Box – music

Por alguna razón y aunque no había escuchado aquella melodia nunca, le resultó familiar, había algo en ella… Sin embargo la caja parecía rota pues al abrirla por dentro encontró que había una melodia diferente en ella pero esta no parecía reproducirse. Roland de Carbass pensó que aquella caja de música había robado el alma a su querida hija y probó todo tipo de hechizos en ella, desde el más senzillo al más complicado y oscuro pero nada sirvió.

Fue entonces cuando el conde mandó a buscar a todos los maestros artesanos especializados en cajas de música que existieran en el gran continente. Uno por uno fueron llegando pero ninguno tenía éxito alguno, en cambio cuando dejaban la mansión parecía que les hubieran robado toda la energía y los artesanos morían al poco tiempo. Un día llegó un maestro artesano que decía venir de muy lejos, de otras tierras lejanas, aseguró que él podía arreglar la caja de música. Entró en la casa y desde aquél día el cuielo se volvió gris para siempre y la oscuridad fue corrompiendo las tierras de toda la región. La hierba dejó de crecer, los peores sentimientos de las personas empezaron a aflorar, las pesadillas se volvieron realidad y la oscuridad consumió a algunos hombres.

Nunca se ha visto el conde otra vez pero los hombres consumidos por la oscuridad bajan de la mansión para llevarse a niños y mujeres que nunca vuelven a ser vistos. Muchos intentaron huir de la región pero una niebla rodeó las tierras impidiendo su salida de ellas, pues siempre acababas en el sitio por el que habías venido. De eso hace ya cinco largos años…”

El anciano terminó su relato y el silencio inundió la taberna durante varios minutos, los parroquianos parecían contener el aliento como si al soltarlo se les fuera a escapar el último soplo de vida que les quedaba. Fue el viajero misterioso el que rompió el silencio d enuevo.

Gracias por la información señor. -contestó.- Debo partir hacia la residencia del señor Roland de Carbass cuanto antés.
Un momento. -interrumpió el tabernero a la vez que alzaba la mano como si aquél gesto fuera a detenerle.- ¿Cuál es su nombre?
Eriol Lothos… -dijo mientras se alejaba por la puerta.

Eriol Lothos empezó a andar por las oscures calles de la ciudad, en lo alto podía verse la mansión, parecía abandonada pues no había ninguna luz que pudiese indicar que estaba habitada. Realmente parecía encantada, se alzaba imponente por encima de la ciudad, vigilante y amenazadora.

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